Estado: ._. normaal~ -w-
Música: Árbol - Trenes, camiones y tractores.
Capitulo 1
Los gritos se escuchaban y resonaban por las cuatro paredes de la habitación, los rayos de una luna entraban tenuemente por la ventana, apenas iluminando la cara de los dos habitantes.
-¿¡ESTABAS VIENDOTE CON ESE VERDAD!?.- aquel rostro que se mostraba dulce y comprensivo frente a las demás personas, ahora no reflejaba ningún otro sentimiento que no fuera la rabia combinada con los celos que se impregnaban a las palabras que acababan de salir
-¡No tiene nada de malo! ¡Es mi amigo, entiende!.- aunque trataba de que su voz sonara convincente, no podía evitar que estuviera impregnada de un miedo que era fácilmente de ver no solo en sus ojos sino también en el temblor que recorría su pequeño y frágil cuerpo
-¿¡ENTENDER!? ¡¿QUÉ DEBO ENTENDER?! ¿¡QUE MI NOVIO COQUETEA CON OTROS EN MIS NARICES!?.- estaba fuera de su propio control, en sus ojos se reflejaba una cólera que el más pequeño(solo por centímetros) jamás había visto antes, y sintió deseos de correr y escapar, mientras veía como aquel sujeto delante de él había dejado de ser la persona a la que amaba para convertirse en un monstruo... un monstruo que se acercaba a él peligrosamente
-Yo no... - una mano que le cruzo la cara lo obligo a detener sus palabras para llevar instintivamente su mano a su mejilla izquierda que se coloreo de un tono rojizo y empezó a arderle. Sus ojos se bañaron con pequeñas gotas perladas que deseaban salir de los ojos que las tenían prisioneras
-¡Deja de mentir!- grito mientras volvía a abofetearlo del lado contrario, dejando sus dedos marcados en la antes blanca mejilla. -¿Por qué me haces esto? ¡RESPONDE! ¿¡Por qué te la pasas manoseándote con ese!?.
Dejó escapar las lagrimas por sus marcadas y rojas mejillas y un pequeño sollozo se escapo de sus labios mojados por las lagrimas que caían libremente por ambas mejillas. -.. yo no... -
-¡Cállate! ¡Deja de mentir!.- gritaba furioso y sus ojos se veían como dos trozos de carbón ardiente y sus manos estaban fuertemente cerradas en puño.
El vocalista bajó la cabeza, sin poder seguir viéndolo a los ojos, sabía que nada de lo que dijera iba a servir. Sabía que no iba a escucharlo y menos creerle. -¡Sumimasen Tetchan!.-
Tetsu expresó una sonrisa torcida en sus labios de cerezo. Se agachó a donde se encontraba su pequeño y tembloroso vocalista, que aun lloraba, y lo abrazó fuertemente entre sus brazos. Susurro suavemente y cerca de su oído con una voz que no parecía suya -¿Tienes miedo Haido-chan?.-
El cuerpo de Hyde se estremeció dentro del abrazo asfixiante de Tetsu. Abrió los ojos como si fueran a salirse de su orbita y en un murmullo apenas audible respondió. - Onegai Tetchan... déjame... - su voz temblaba y el miedo era destilado por cada poro de su piel. Dejo escapara un sollozo, más por el miedo de su corazón que por el dolor que podría causar el ardor en sus antes blancas mejillas.
-¡NO DEJAS QUE TE TOQUE! ¿¡PERO DEJAS QUE CAMUI TE BESE!?.- encajo sus uñas en el pantalón de diseñador que llevaba el hombre entre sus brazos, mientras lo iba recostando en el frío piso del departamento, y comenzó a depositar besos desesperados y agresivos en el pecho aun cubierto de Hyde.
Llevó ambas manos a la parte inferior de la camisa, sujetándola con fuerza la arranco de un solo tirón. Dejó a la vista el torso blanco de Hyde que, empezó a moverse impaciente al comprender lo que Tetsu iba a hacerle... ¡Contra su voluntad!
-¡DEJA DE MOVERTE HAIDO!.- pero en vez de hacer caso al tono autoritario y amenazante de Tetsu, hizo todo lo contrario, moviéndose aun más, haciendo que Tetsu se molestara y lo levantara por las caderas para luego estrellarlo contra la vitrina donde se encontraban las figurillas de cristal azul que tanto gustaban a Haido.
La vitrina se vino abajo por el impacto de Hyde contra el frágil vidrio que se rompió cayendo al suelo, rozando apenas la piel denuda del vocalista. La mayoría de las figurillas azules tuvo el mismo destino, pero estas si hicieron varios cortes en el vocalista y en el bajista arriba de él.
Hyde sintió al igual que Tetsu el efecto del cristal rompiéndose en la piel, desgarrándola y enterrándose en ella, haciéndolo sangrar, para luego dejar caer pequeñas gotas del liquido carmesí sobre el suelo, como nueva decoración. Tetsu sintió un profundo dolor al ver a Haido, que superaba por completo el dolor que sentía en su cuerpo cortado por los cristales, cuyos restos se encontraban en el suelo brillando por la luz que se colaba por la ventana.
-¡Haido! ¡Haido, responde!.- la preocupación era palpable en la voz de Tetsu. Al ver el cuerpo de su novio, olvido el dolor de su cuerpo y la sangre que goteaba de sus hombros. -¡Amor, resiste, voy por el botiquín, aguanta Doiha!.- suplicaba con su rostro comenzando a ser invadido por perlas cristalinas que bajan suicidas por sus mejillas.
Ahora su mente estaba totalmente libre de los malditos celos que le habían llevado a lastimar al ser que más amaba y ahora se encontraba con pequeños cristales incrustados en su piel, y con la sangre emanando de cada herida. Aunque la que más le preocupaba era la herida que tendría el corazón de su amado...
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